-Vale, chicas. Ahora lo que teneis que elegir son las habitaciones y llevaros vuestras maletas arriba. Nosotras revisaremos de que todos lo muebles que hemos pedido estén en su correcto lugar y que no falte ninguno, ¿entendido?- Nos explicó mi madre. Debe ser que pidieron los muebles por internet y contrataron a una empresa londinense de decoración. Aunque ahora que lo pienso, podría haberlo decorado mi madre ya que tabaja en ello.
Amanda y yo subimos la escalinata hasta el segundo piso. Al llegar arriba teníamos a nuestra derecha una habitacion con las paredes moradas y a nuestra izquierda, en frente de la otra habitación, habia una con las paredes fucias. No me apuesto nada a que la muy pava de Amanda coge la morada.
-¡Me pido la morada! ¡Te jorobas caraculo!- Si es que me tendría que dedicar al arte de las adivinas. La conozco como si la hubiese parido. Se fué corriendo con las maletas arrastrando y se le iban callendo los pantalones. Que manía de llevarlos por los suelos, aunque, yo no deberia de decir eso porque yo tambien los llevo por los suelos.
Recogí mis maletas del suelo, en cuanto oí un grito demasiado agudo para mis tímpanos. Venía de la habitacion de Amanda. Fuí corriendo para ver que pasaba y la vi con la cara mas blanca que la leche.
-¿Pero que te pasa ahora?- Apuntó con su dedo a un equipo de amplificadores y tres guitarras muy bonitas. Creo que a mi me dió un chungo o algo porque yo tambien me puse a gritar como una loca. La de pasta que se a tenido que gastar su madre...
-Dios santo... esto yo no me lo esperaba... casi me da algo y me caigo para atrás.- Normal, a mi tambien me gustaría entrar en mi habitacion y encontrarme lo que mas deseo en esta vida que es tener los tres bajos de luces que lleva Dougie.
-La verdad es que esto... es ya super flipante. Tu madre se a superado. ¿Me dejarás alguna vez tocar con alguna de ellas, no?-
-Pues claro que si. No puedo tocar tres guitarras a la vez.- Las guitarras eran flipantes. Una negra, otra morada y otra marron y negra... marron y negra... como la de Tom...
-Bueno, yo voy a dejar esto en mi habitación. No rompas nada que nos conocemos.- Algo nuevo que la regalan, algo que rompe.
-Vale, te prometo que ni siquiera las toco antes de abrir la maleta y colocar toda la ropa.- A sí me gusta.
Cogí las maletas que se me cayeron al suelo y me fuí directa a mi nueva habitacion. En lo primero que me fijé al entrar fué en las paredes, con el color que me gusta para una habitacion de chica. En el centro, empotrada contra la pared, había una cama de matrimonio con edredones blancos y fucias a juego con las paredes y las cortinas. Al lado, habia un escritorio enorme, donde encima de el había un ordenador portatil, cuadernos, libros de colegio y una lampara blanca para estudiar. Estas madres, siempre piensan en todo. Me giré y tube la sensacion de que el corazón se me desprendió y se me cayó para abajo. Delante de mi habia un equipo de Amplificadores y al lado dos bajos de luces: Azul y rosa. Mi sueño...
-¡AH!- Grité y me caí de rodillas al suelo. Oí unos pasos correr hasta mi. Era Amanda. Cuando vió el porque de mi grito se le escapó una exclamación a ella tambien.
-¡Se han superado! ¡Esto no puede ser verdad!- Mi mente está en estado de shock.
-Pues es verdad, Alma.- La voz de mi madre. Corrí a abrazarla. Es genial tener unas madres así.
-Pero, os habréis gastado un mogollón de dinero en conseguir estas cosas.- Dije apartandome de mi madre.
-¡Anda ya! Venga que no es para tanto. Y daros prisa que hoy hay que acostarse pronto porque mañana nos vamos a ver museos y cosas así.- Se fué y Amanda a la orden de mi madre se fué a su habitación a colocar la ropa en su sitio. Yo hice lo mismo. En doce minutos o así terminé, me puse el pijama y me metí en mi nueva cama esperando ansiosamente de que llegase mañana.
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