-Se que no te gustan las sorpresas pero te vas a tener que aguantar.- Dijo Tom abriéndome la puerta del taxi. Ya estábamos en la puerta de la casa de los McGuys.
-Joer Tom, siempre te tienes que salir con la tuya.- A ver, que quede claro, me gustan los días de cumpleaños pero no me gustan las fiestecitas estas con regalitos mierda incluidos. Me pasó un año que hice una fiesta de cumpleaños y invité a todo quisqui y bueno la que se armó… de película y sin exagerar y desde ese momento odio lo de hacer fiestecillas con los amigos… bueno vamos a poner eso de amigos entre comillas porque ni siquiera ese dia invité a alguien importante para mí.
-Si, y te aguantas.- Sacó las llaves de la casa y abrió la puerta lenta y sigilosamente como si se le fuera la vida en ello. Me daban ganas de decirle: chico que van a pasar las burras de leche antes de que abras la maldita puerta cariño. Pero no quería ser borde.
Al fin la abrió y se veía negro. Pero así, tal cual, negro. Negro. Negro y más negro.
-¿Alguien se ha cargado las ventanas o la red eléctrica?- Porque vamos… esto parece la caverna de los australopitecos.
-Calla, quejica.- Uy lo que me ha dicho… vale, se te ha vuelto a pirar la cabeza, mona.
Me cogió de la mano y me llevó con cuidadito hasta dentro. La puerta se cerró sola detrás de nosotros. Vale, a ver qué narices han preparado, porque algo han tenido que preparar, de eso estoy segura. Si, parezco una pesada, pero es mi mente así que os jorobáis pepitos grillos. Bueno como estoy y eso que no he visto nada fuera de lo común que me perturbe esta mente mía.
-Tom, espero que no me de miedo porque como me de miedo te enteras, ya estas avisado majete luego no me vengas diciendo que no te e avisado.- Le dije moviendo su cabeza a saber dónde.
-Que si hija que sí, pero déjame la cabeza que me la vas a poner del revés.- De repente me soltó la mano y le perdí de contacto porque de vista un poco imposible es. Miré a mis alrededores y… ¡Pum! Un foco se encendió y sonó la canción de Five Colours in Her Hair. Esto ya es otra cosa. Encima estaban tocando ellos. Dios el mejor regalo que me han podido dar en años. De detrás del mini escenario, que en realidad era una tabla subida a mas tablas, salieron Amanda, Rachel, Miriam, María y Clara. Miriam vino corriendo a mí con los brazos estirados y del empujón del abrazo por poco me estampa contra el suelo.
-¡Felicidades Alma!- Gritó en mi oído. Ale, ya no oigo con la oreja derecha.
-Gracias, Miriam.- La maté a besos.
-¡Caraculo!- Gritó Amanda que vino hacia mí dando saltitos a lo Heidi.
-¡Gnomo!- Yo fui hacia ella a cámara lenta y vi como las demás se estaban partiendo el culo. No, si para hacer tonterías valgo mucho. Nos abrazamos las dos y nos dimos besos, en las mejillas mal pensados.
-Felicidades, que ya tienes los dieciséis cacho de guarra.- Me dijo Amanda tirándome de las orejas. Seguro que me las ha dejado rojas a lo Tomate.
Todo se repitió menos con Clara que me la quedé mirando sin expresión alguna en mi rostro. Vino hacia mí, me abrazó y susurró un débil “Felicidades” que solo pude oír yo ya que estaban los chicos tocando.
Nos pusimos todas en frente de ellos a saltar y cantar a pleno pulmón, alguna acabará ronca al dia siguiente. Terminaron de tocar y aplaudimos como posesas. Los chicos se quitaron los instrumentos y me fueron a felicitar. El último, por supuesto era Tom.
-Felicidades, princesa.- Me dijo tomándome de las manos y mirándome.
-¡Pero besaros so rancios!- Saltó Rachel con una voz de niña pequeña para que no se le notase que era ella, pero no somos tontos.
Algo en la mirada de Tom me dijo que él quería besarme y que no me preocupase. A mí me da mucha vergüenza eso de besar a un chico delante de mis amigas.
Tom subió una de sus manos y me atrajo hacia su rostro besando suavemente mientras los demás aplaudían. Se apartó de mí y se sacó una bolsita pequeña del bolsillo del pantalón vaquero. En la bolsita había una cajita pequeña, como de anillo. No, no puede ser un anillo porque somos muy jóvenes para casarnos.
-Date la vuelta.- Me dijo Tom abriendo la cajita de la que sacó una cadena. Me levanté el pelo y me la puso. La cadena llevaba medio corazón con el nombre de Tom grabado en primera plana. ¡Dios que bonito! Me desmayo… esque lo veo…
-¡Tom es precioso!- Me di la vuelta y me fijé que el también llevaba otro medio corazón pero esta vez con mi nombre. ¿Puede ser alguien más monoso? Creo que este es el mejor cumpleaños de mi vida. Y gracias a Tom y los amigos que me acompañan creo que no se me va a olvidar en la vida. Gracias chicos, de verdad.
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