martes, 30 de noviembre de 2010

Capitulo 37:

El sol entraba por las rendijas que dejaba abierta la persiana. A juzgar por la fuerza de los rayos del sol, serian las nueve y media o diez menos cuarto de la mañana como mínimo. Me giré al otro lado donde estaba la mesita de noche y vi que en el reloj marcaban las diez y cuarto de la mañana. Lo que yo suponía… las diez menos o y pico. Un nuevo record. Nunca me había levantado tan tarde, ni en España. Mi puerta estaba cerrada, seguro que la habría cerrado Amanda al llegar para no hacer ruido porque yo me la había dejado abierta. Luego la preguntaría por su paradero de la noche.
Me levanté y me puse mis zapatillas de la Hello Kitty rosas y negras, y cogí mi bata de corazones rosas y me fui directa a las escaleras. No se olía ni el desayuno. Alcé la vista y me encontré con un cartel en medio del pasillo que ponía: “prohibido bajar, inundaciones extremas” ¿Inundaciones extremas? ¿Pero qué coño? Me di la vuelta y me fui a la habitación de Amanda. Allí no había nadie. Se notaba que había dormido esa noche aquí porque estaba la cama a medio hacer. Y como no, no la haría en todo el dia, ya se la tengo que hacer yo. Cerré la puerta y encendí la mini cadena que había en el pasillo. Esa era de toda la familia y como no, estaba el CD de McFly: Room on the 3rd Floor. Esto seguro que es un plan para lo de mi cumpleaños, vamos, como si lo viese.
Tan tranquila, me fui hasta mi habitación y me empecé a vestir. Me puse mis pantalones vaqueros preferidos, los negros con dos manos en los bolsillos del culo. A Tom le ponían celoso, se pone celoso con cualquier cosa, total, son dos manos de a saber quién.
Subí la cremallera de los vaqueros y fui a por mí sudadera de Venecia.
-No creo que hoy llueva.- Me dije a mi misma mirando por la ventana. Me puse unas manoletinas y fui al baño. Necesitaba un corte de pelo de estos urgentes, el mío ya estaba pasadito de moda. Me alisé el pelo y me puse una horquilla en el lado derecho, me pinté la raya de los ojos y me di brillo de labios en los labios como su nombre bien indica. Se me vino a la cabeza la posibilidad de llamar a Amanda, pero mi móvil estaba hecho picadillo y no se me de memoria su número. Menudo plan. Puede ser que en la agenda del instituto tuviese algún contacto… fui hasta la mochila, cogí la agenda y ¡voila! Estaba el de Danny y el de Harry. A llamarlos se ha dicho.
Fui hasta el cuarto de la madre de Amanda y cogí el teléfono y marqué el de Danny. Comunica. Marqué el de Harry. Este sí que daba señal.
-¿Diga?- Contestó una voz grave saliente del ruido.
-Harry, soy Alma.-
-Esto… ¡Alma! ¡Que alegría oírte!- Dijo en tono sarcástico.
-Si, si. Oye, ¿Y Amanda?-
-Está aquí, ayudándonos a montar unas estanterías…- Que no cuela hijo.
-Pues dila que yo me voy al aeropuerto a por unas cosas.-
-¿Al aeropuerto? ¿Qué se te ha perdido allí?-
-El sombrero. Venga Harry, dentro de una hora voy para allá. Adiós. Besos para todos.- y colgué.
Joer lo que más me fastidia es que se que están haciendo algo para mi cumpleaños pero que no lo admitan. La verdad esque mirándolo por otro lado me gusta que me preparen cosas pero… en estos momentos no estoy de humor para fiestas. Tengo muchas cosas en la cabeza: España, cumpleaños, Tom, papa, mama, Amanda… no son buenos pensamientos para una chica de quince años… pero que digo, ¡Ya tengo los 16!

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